EL DESPERTAR DE EUROPA: UNA NUEVA ERA PARA LA DEFENSA

La cumbre de la OTAN de junio de 2025 ha encendido las alarmas: Europa ya no puede seguir posponiendo su propia defensa. Con Estados Unidos redirigiendo su poder militar hacia Asia-Pacífico y la guerra en Ucrania, la Unión se ve forzada a reaccionar ante un entorno cada vez más inestable, con amenazas que van desde la agresión rusa hasta la presión tecnológica y geopolítica de China. Sin una estrategia común y con una industria fragmentada, Europa sigue dependiendo de Washington y de la OTAN para garantizar su seguridad. Es hora de convertir la retórica de la autonomía estratégica en acción real: cooperar, invertir y construir una defensa europea sostenible a largo plazo.

La cumbre de la OTAN celebrada en junio de 2025 ha marcado un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad europea. La creciente intención de Estados Unidos de reorientar sus recursos militares hacia Asia-Pacífico obliga a Europa a replantearse avanzar hacia una estrategia de defensa autónoma, sostenible y a largo plazo. La guerra en Ucrania ha dejado claro que la paz en el continente no está garantizada, situando a Europa en el umbral de una nueva era marcada por un aumento sin precedentes de la inversión militar. Este giro histórico no sólo redefine el panorama geopolítico europeo, sino que también genera nuevos retos y oportunidades.

La principal amenaza de Europa es Rusia, cuyo comportamiento agresivo en su entorno más próximo ha reactivado viejas tensiones. Sin embargo, Europa también se enfrenta a otros focos, como la actual inestabilidad en el norte de África, el Sahel y Oriente Medio, así como el terrorismo y potenciales guerras híbridas que podrían poner en riesgo las infraestructuras críticas y rutas estratégicas. A esto se suma que, aunque no parece representar una amenaza militar directa, China constituye un desafío estratégico “sistémico” para la seguridad europea, debido a su creciente influencia económica, tecnológica y geopolítica, como ya reconoció el Concepto Estratégico aprobado en la Cumbre de la OTAN Madrid en 2022. Esta competición se libra no solo en el ámbito geopolítico, sino también en el tecnológico. Los avances en campos como los chips avanzados, las comunicaciones seguras, la inteligencia artificial y la computación cuántica son elementos clave para la soberanía estratégica. Cómo se definan estos desafíos hoy determinará qué capacidades militares desarrollar mañana para competir en el mercado global y proteger sus infraestructuras. 

Una vez definido el entorno y los fines, es necesario identificar las capacidades mínimas necesarias que permitan reaccionar de forma efectiva y rápida a dichas amenazas. Esto no solo incluye capacidades operativas y de defensa, como equipos de última generación, suministros estratégicos, software de defensa, sistemas de ciberseguridad y tecnologías avanzadas, sino también capacidades de decisión a nivel operacional y táctico. Desarrollar estas capacidades de forma unida y autónoma es esencial para asegurar la resiliencia europea ante una posible crisis y reducir la dependencia de potencias extranjeras en tecnologías clave, así como reducir los costes de desarrollo y mantenimiento. 

Uno de los principales problemas de la defensa europea es su planteamiento y el consenso político. Europa llega con retraso para establecer su capacidad defensiva y garantizar su propia seguridad, mientras que Estados Unidos cuenta con una capacidad industrial y militar incuestionable, al igual que Rusia, con sus limitaciones. La capacidad defensiva de Europa continúa recayendo sobre la OTAN, concretamente sobre su principal proveedor de armas: Estados Unidos.

Importaciones de armas por origen para países seleccionados de la Unión Europea, el Reino Unido y los EE.UU. Fuente.

Desde sus comienzos, la Unión Europea ha apostado por la diplomacia y la cooperación. Aunque ha habido intentos de integrar un ejército europeo común con medidas como PESCO, el Fondo Europeo de Defensa o la futura Fuerza de Despliegue Rápido, prevista para estar operativa en 2025, esta propuesta no se ha materializado. Sin embargo este contexto si genera la oportunidad de la creación de un mercado de la industria de defensa integrado y eficiente en el que se compartan capacidades militares que podría ser la base de la autonomía estratégica.  

El arsenal militar de EEUU, Rusia y la Unión Europea. Fuente.

En este momento se alinean dos grandes paradigmas: la revitalización de la OTAN, en la que todos sus miembros han firmado su compromiso con la alianza comprometiéndose a invertir el 5 % de su PIB en defensa en la reciente Cumbre en La Haya, y el despertar de una Europa que quiere defenderse. No obstante, existen diversas posturas, desde la de Polonia, que apuesta por reforzar la OTAN y el vínculo con Estados Unidos, hasta la de Francia, que defiende la autonomía estratégica europea, lo que dificulta una política común. Asimismo, también coexisten complejidades institucionales, partiendo de dos organizaciones: la Unión Europea, con 27 miembros, y la OTAN, con 32. Una vía pragmática sería que los países que pertenezcan a ambas organizaciones lideren la definición de las amenazas y la política industrial en el marco de la Unión Europea, mientras que la OTAN continúe coordinando la operativa militar y la disuasión colectiva. Sin un debate consensuado sobre esta cuestión, cualquier estrategia de defensa quedaría incompleta. 

Otro de los grandes dilemas es la fragmentación industrial de Europa. En el caso de los tanques, la Unión Europea ha desarrollado más de una docena, entre ellos los alemanes Leopard 2, el Leclerc francés y el Challenger 2 británico, además de los M1 Abrams, lo que no solo genera duplicidades, sino que también eleva los costes y dificulta la interoperabilidad. Aunque en el caso de los aviones hay iniciativas prometedoras de colaboración entre países, como el avión de combate Eurofighter Typhoon, resultado de la cooperación de Alemania, Italia, Reino Unido y España a través de Airbus, también hay hasta 20 tipos de modelos de aviones. En el caso del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FACS), hay una puesta en marcha entre España, Francia y Alemania, en paralelo con el caza Tempest, liderado por Reino Unido, Italia y Japón. La estrategia europea requiere unificar esfuerzos y soslayar la dispersión actual. En lugar de promover la creación de “campeones nacionales” de la industria de defensa por país, se debería considerar la creación de consorcios especializados que integren diferentes empresas líderes europeas, para hacer un uso racional de los recursos y establecer una plataforma competitiva y rentable que fomente el conocimiento e innovación del sector.

Cazas Eurofighter Typhoon del Ejército de Alemania / Airbus. Fuente.

La inversión en defensa es un gran reto presupuestario para la Unión Europea, no solo por las presiones fiscales internas de los estados miembros sino que la unión carece de una organización adecuada para garantizar su seguridad colectiva. Informes como el informe Dragui y el Informe Niinistö así como el anuncio de la movilización de hasta 800.000 millones de euros hacen un llamamiento para fortalecer las capacidades competitivas y defensivas. Sin embargo, la industria de defensa, al ser capital-intensiva, no siempre ofrece retornos económicos claros, lo que requiere una planificación a largo plazo y consensuada. Además, la defensa europea ya no es solo una cuestión militar, sino también industrial, tecnológica y de soberanía. Para enfrentar un entorno global competitivo, Europa debe definir sus prioridades y coordinar recursos, reconociendo que su seguridad no puede depender exclusivamente de aliados externos, lo que hace crucial avanzar hacia una política común de defensa.